Cultura del rechazo a la excelencia

En esta sociedad y en este país en el que vivimos, me da la extraña sensación que siempre ha habido un rechazo por la excelencia que ha hecho que nos convirtamos, en general, en seres mediocres, en personas del montón. Y tal cómo refleja la genial frase de Andrés Pérez Ortega, “si eres uno más, serás uno menos”, es altamente perjudicial para nuestro desempeño laboral.

¿Y por qué nos ocurre?

Rechazo a la excelencia
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Si alguno de los lectores fue alguna vez un buen estudiante (no es mi caso) seguro que recordará no pocas situaciones de su infancia en las que, justamente por ser un buen estudiante, sus compañeros se reían y le hacían burlas. Se reían de su irritable insistencia en hacer siempre los deberes, se reían por querer hacerlos bien, se burlaban cuando respondía a las preguntas del profesor, porque preguntaba cuando algo no lo entendía, … Esta situación no era exclusiva de la infancia, sino que se seguía repitiendo durante la adolescencia, en el instituto, incluso en mayor medida.

Yo, sin haber sido un buen estudiante, recuerdo que estas situaciones ocurrían con los “empollones” y hacía que yo, a veces, incluso sabiendo las respuestas, cómo era un niño muy tímido, nunca me atreviera a responder a las preguntas de los profesores. Además, si tenías los deberes hechos, tenías más probabilidades de salir delante de toda la clase a explicar cómo habías resuelto el problema o a leer tu redacción. En definitiva, acababa siendo casi un castigo saberse la lección y un regalo el no saberla.

El resultado era que el no ser un buen estudiante, o el no ser aplicado, te ahorraba bastantes situaciones incómodas y desagradables. Te ahorrabas ser objeto de burla y ser ridiculizado. Incluso, probablemente, me atrevería a decir que el ser un mal estudiante te ayudaba a formar parte del grupo de gente “cool” (o cómo decíamos cuándo yo estudiaba, “gente guay”). Pasabas a formar parte de los burladores en lugar de ser de los burlados.

Pero … parémonos a pensar un momento …

Si durante nuestros años de formación, aquellos en que somos cómo esponjas que absorben conocimiento, aquellos en que definimos nuestro carácter, aquellos años en los que nos transformamos en personas adultas y definimos muchas de nuestras futuras conductas, aprendemos a no destacar precisamente para no ser un paria social … ¿qué información le estamos mandando a nuestro cerebro? ¿cómo será nuestro carácter? ¿cómo afrontaremos situaciones similares en nuestros trabajos diarios?

Probablemente el mensaje que estamos interiorizando, sin darnos cuenta, es el de no destacar para no ser discriminado.

En el trabajo tampoco debemos destacar

Cuándo después de muchos años de estudiar, salimos al mundo laboral, dispuestos a encontrar un trabajo que nos satisfaga, llevamos tanto tiempo ensayando la lección, que la tenemos muy bien aprendida: no debemos destacar para no convertirnos en parias (laborales en este caso).

Si nos desvivimos por hacer muy bien nuestro trabajo, si nos aplicamos al máximo, si no nos gusta ser interrumpidos para hablar de lo que echaron ayer por la tele, si nos quedamos un ratito más para terminar aquello que es urgente, …. seremos rechazados por nuestros compañeros. ¿O no?

Pues precisamente, según mi experiencia, en el trabajo la situación se suele invertir. A pesar de que pueda haber algunos compañeros que nos critiquen nuestra pasión por el trabajo, aquél que se esfuerza por hacerlo lo mejor posible, suele ser recompensado por ello. Ejemplos de ello son que sus compañeros le buscaran para que les ayude cuándo tengan un problema, sus jefes les pedirán su opinión en algunas situaciones, los clientes preguntaran por él cuándo necesiten algo, …

Pero claro, inicialmente, cuándo los jóvenes llegan a sus primeros trabajos, después de tantos años de adoctrinamiento para no destacar, esta es su conducta natural, y para cambiarla necesitan volver a aprender algunas de las conductas básicas.

Para terminar esta entrada os dejo la opinión de Steve Jobs al respecto de la calidad: «Be a yardstick of quality. Some people aren’t used to an environment where excellence is expected.» – «Debes ser estricto con la calidad. Algunas personas no están acostumbradas a un entorno en el que se exige la excelencia».


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Debemos aprovechar nuestro tiempo

Tiempo

Aprovechar el tiempo
photo credit: Βethan via photopin cc

Debemos aprovachar nuestro tiempo, porque es un recurso limitado. Además, este no puede modificarse. Es imparable. Es inamovible. No puede controlarse. Lo único que podemos hacer con él es gestionarlo.

La casa, el coche, el trabajo, la familia, los amigos son elementos en nmuestras vidas que no podemos controlar.  Nos pueden despedir, nos pueden dejar de lado, se puede caer la casa, o nos pueden robar el coche. Todos estas cosas no las podemos controlar, no son realmente nuestras. Lo único que es realmente nuestro en esta vida es nuestro tiempo.

La buena notícia es que : Nuestro tiempo podemos gestionarlo.

Lo único que podemos hacer con el tiempo es administrarlo, gestionarlo, aprovecharlo, …
Cada segundo que dejamos pasar, es un segundo perdido. Por ello debemos aprovechar cada instante que nos ha sido asignado, y hacer algo útil con él.

El tiempo que tenemos

La esperanza de vida es de unos 80 años aproximadamente. Si empezamos a contar cómo años productivos desde la pubertad (14 años), y tenemos en cuenta que probablemente trabajaremos hasta los 70 años, nos quedan 56 años de vida productiva.
Cada día podemos aprovechar unas 12 horas (quitándole el tiempo de dormir, comer, …). Así que tendremos 12 horas durante 56 años, 245280 horas, para aprovechar haciendo aquello que queramos.

Según un estudio hecho en los años 90 por el Dr. K. Anders Ericsson, son necesarias 10000 horas de dedicación a cualquier materia para llegar a ser un experto en esa materia. Eso significa que podríamos llegar a ser expertos en 24,5 temáticas diferentes a lo largo de nuestra vida productiva.

Bromas a parte, tan sólo pretendo mostrar que tenemos mucho tiempo, pero que debemos aprovecharlo, y debemos preocuparnos de hacerlo.

Aprovechar mejor el tiempo

Aprovechar el tiempo que nos ha sido asignado es una de las pocas decisiones que podemos tomar unilateralmente en esta vida. Desde un estado de la libertad, nadie nos puede decir a que debemos dedicar nuestro tiempo.

Seguramente, tener clara esta decisión es una de las cosas más difíciles que existen.