Cultura del rechazo a la excelencia

En esta sociedad y en este país en el que vivimos, me da la extraña sensación que siempre ha habido un rechazo por la excelencia que ha hecho que nos convirtamos, en general, en seres mediocres, en personas del montón. Y tal cómo refleja la genial frase de Andrés Pérez Ortega, “si eres uno más, serás uno menos”, es altamente perjudicial para nuestro desempeño laboral.

¿Y por qué nos ocurre?

Rechazo a la excelencia
photo credit: flickingerbrad via photopin cc

Si alguno de los lectores fue alguna vez un buen estudiante (no es mi caso) seguro que recordará no pocas situaciones de su infancia en las que, justamente por ser un buen estudiante, sus compañeros se reían y le hacían burlas. Se reían de su irritable insistencia en hacer siempre los deberes, se reían por querer hacerlos bien, se burlaban cuando respondía a las preguntas del profesor, porque preguntaba cuando algo no lo entendía, … Esta situación no era exclusiva de la infancia, sino que se seguía repitiendo durante la adolescencia, en el instituto, incluso en mayor medida.

Yo, sin haber sido un buen estudiante, recuerdo que estas situaciones ocurrían con los “empollones” y hacía que yo, a veces, incluso sabiendo las respuestas, cómo era un niño muy tímido, nunca me atreviera a responder a las preguntas de los profesores. Además, si tenías los deberes hechos, tenías más probabilidades de salir delante de toda la clase a explicar cómo habías resuelto el problema o a leer tu redacción. En definitiva, acababa siendo casi un castigo saberse la lección y un regalo el no saberla.

El resultado era que el no ser un buen estudiante, o el no ser aplicado, te ahorraba bastantes situaciones incómodas y desagradables. Te ahorrabas ser objeto de burla y ser ridiculizado. Incluso, probablemente, me atrevería a decir que el ser un mal estudiante te ayudaba a formar parte del grupo de gente “cool” (o cómo decíamos cuándo yo estudiaba, “gente guay”). Pasabas a formar parte de los burladores en lugar de ser de los burlados.

Pero … parémonos a pensar un momento …

Si durante nuestros años de formación, aquellos en que somos cómo esponjas que absorben conocimiento, aquellos en que definimos nuestro carácter, aquellos años en los que nos transformamos en personas adultas y definimos muchas de nuestras futuras conductas, aprendemos a no destacar precisamente para no ser un paria social … ¿qué información le estamos mandando a nuestro cerebro? ¿cómo será nuestro carácter? ¿cómo afrontaremos situaciones similares en nuestros trabajos diarios?

Probablemente el mensaje que estamos interiorizando, sin darnos cuenta, es el de no destacar para no ser discriminado.

En el trabajo tampoco debemos destacar

Cuándo después de muchos años de estudiar, salimos al mundo laboral, dispuestos a encontrar un trabajo que nos satisfaga, llevamos tanto tiempo ensayando la lección, que la tenemos muy bien aprendida: no debemos destacar para no convertirnos en parias (laborales en este caso).

Si nos desvivimos por hacer muy bien nuestro trabajo, si nos aplicamos al máximo, si no nos gusta ser interrumpidos para hablar de lo que echaron ayer por la tele, si nos quedamos un ratito más para terminar aquello que es urgente, …. seremos rechazados por nuestros compañeros. ¿O no?

Pues precisamente, según mi experiencia, en el trabajo la situación se suele invertir. A pesar de que pueda haber algunos compañeros que nos critiquen nuestra pasión por el trabajo, aquél que se esfuerza por hacerlo lo mejor posible, suele ser recompensado por ello. Ejemplos de ello son que sus compañeros le buscaran para que les ayude cuándo tengan un problema, sus jefes les pedirán su opinión en algunas situaciones, los clientes preguntaran por él cuándo necesiten algo, …

Pero claro, inicialmente, cuándo los jóvenes llegan a sus primeros trabajos, después de tantos años de adoctrinamiento para no destacar, esta es su conducta natural, y para cambiarla necesitan volver a aprender algunas de las conductas básicas.

Para terminar esta entrada os dejo la opinión de Steve Jobs al respecto de la calidad: «Be a yardstick of quality. Some people aren’t used to an environment where excellence is expected.» – «Debes ser estricto con la calidad. Algunas personas no están acostumbradas a un entorno en el que se exige la excelencia».


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¿Qué es el modelo EFQM de excelencia?

La EFQM (European Foundation for Quality Management) fue creada en el año 1989 cuándo un grupo de CEOs y presidentes de diferentes compañías europeas firmaron el manifiesto de compromiso con la misión y visión de EFQM. Esto dio lugar a la creación de una comisión de expertos que desarrolló el que hoy se conoce como modelo EFQM de excelencia, un marco de posible aplicación en cualquier organización.

De esto ya hace 25 años, y desde entonces, el modelo ha ido evolucionando y cambiando para adaptarse a las necesidades y tendencias del momento. Aún así, el objetivo de la EFQM, que es mejorar la competitividad de las empresas europeas y respaldar el desarrollo sostenible de la economía europea, no ha cambiado nunca en todos estos años.

En España se creó en el año 1991 el Club Excelencia en Gestión, cogiendo como referencia el modelo EFQM, con la misión de acelerar la transformación de las organizaciones para que compitan y se desarrollen en una economía global, identificando nuevas vías, intercambiando prácticas e introduciendo modelos de gestión,

Modelo EFQM de excelencia

Hay tres componentes que hacen posible el modelo EFQM de Excelencia:

  1. Marco Conceptual EFQM
  2. Conceptos Fundamentales
  3. Esquema Lógico REDER

 

Marco Conceptual

El modelo EFQM de Excelencia es un instrumento práctico y no prescriptivo, a diferencia de otros sistemas de calidad, que permite a las organizaciones:

  • Evaluar dónde se encuentran en su camino hacia la excelencia, ayudándolos a identificar sus fortalezas clave y posibles carencias con relación a su Visión y Misión.
  • Disponer de un único lenguaje y modo de pensar sobre la organización, lo que facilita la comunicación eficaz de ideas dentro y fuera de la misma.
  • Integrar las iniciativas existentes y planificadas, eliminar duplicidades e identificar carencias.
  • Disponer de una estructura básica para el sistema de gestión.

Este modelo permite a los líderes de las organizaciones entender las consecuencias existentes entre lo que la organización hace y los resultados que alcanza. El esquema lógico REDER hace posible evaluar el grado de excelencia.

Modelo EFQM de excelencia
Modelo EFQM de excelencia

El modelo se divide en 9 criterios, 5 de los cuáles son Agentes Facilitadores y 4 corresponden a los resultados.

  1. Agentes Facilitadores
    1. Liderazgo
    2. Personas
    3. Estrategia
    4. Alianza y Recursos
    5. Procesos, Productos y Servicios
  2. Resultados
    1. Resultados en las personas
    2. Resultados en los clientes
    3. Resultados en la sociedad
    4. Resultados clave

 

Fundamentos

Son los cimientos del modelo sobre los que se crea una organización con excelencia sostenida. El modelo EFQM de excelencia se asienta sobre 8 conceptos fundamentales (principios básicos) :

Fundamentos - Modelo EFQM de excelencia
Fundamentos – Modelo EFQM de excelencia
  • Añadir valor para los clientes
  • Crear un futuro sostenible
  • Desarrollar la capacidad de la organización
  • Aprovechar la creatividad y la innovación
  • Liderar con visión, inspiración e integridad
  • Gestionar con agilidad
  • Alcanzar el éxito mediante el talento de las personas
  • Mantener en el tiempo resultados sobresalientes

 

 

 

El esquema lógico REDER

Proporciona un enfoque estructurado para analizar el rendimiento de la organización y permite ayudar a liderar el cambio y gestionar los proyectos de mejora.

Esquema lógico REDER - Modelo EFQM de excelencia
Esquema lógico REDER – Modelo EFQM de excelencia

Referencias para el artículo :


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