Por qué debo usar estándares

Por qué debo usar estándares

Por qué debo usar estándares – Xavi Gaya

Usar estándares es tan solo una opción que tenemos. Su uso es de libre elección, pero en esta entrada intentaré explicar la importancia que tienen y a imaginarnos un mundo donde no existieran estándares.

La estandarización fue algo que nació de la necesidad.

La necesidad de entenderse.

La necesidad de comunicarse.

La necesidad en ponerse de acuerdo las personas.

Y es así como ha llegado a existir estandarización en casi todos los objetos que nos rodean, aunque ni siquiera nos demos cuenta de ello.

La importancia de los estándares

Hace unos años, en mi lugar de trabajo, me brindaron la posibilidad de participar en unos cursos de formación para la estandarización de la impresión de periódicos -sí, existe un estándar para ello- dónde los periódicos de toda Europa (de todo el mundo en realidad, pero con matices en cada continente) intentaban ponerse de acuerdo para imprimir los periódicos bajo unos mismos criterios de calidad.

La idea era que se quería ofrecer a los clientes una fiabilidad en los resultados de los impresos, independientemente del lugar de impresión.

En este caso el estándar ya estaba creado, pero a pesar de existir un estándar ISO (ISO12647-2) las imprentas no llegaron a ponerse de acuerdo en el uso de este estándar, porque cada una de ellas tenía su propia manera de trabajar, y a su entender, les funcionaba bien.

Pero fuimos muchos los que aprendimos una manera más correcta de trabajar gracias al estándar, y nos permitió acercarnos en calidad a los resultados de una gran mayoría de las imprentas. Además nos proporcionó herramientas de medición y corrección de las desviaciones, y por lo tanto, de mejora.

Pero, lo que estas imprentas que huían del estándar no querían entender, es que los mismos trabajos impresos en imprentas que usaban el estándar, quedaban diferentes de los suyos, y esto nos perjudicaba a todas las imprentas, pero especialmente a nuestros clientes. Estas empresas no tenían cultura del win-win.

Ahora, pongámonos en el lugar del cliente.

Si nos imaginamos que somos un cliente que quiere imprimir el mismo periódico en diferentes plantas de impresión, repartidas por diferentes puntos geográficos, esperará que todos los periódicos (o la gran mayoría de ellos, ya que hay unas tolerancias) salgan impresos igual, con la misma calidad, en todas las diferentes plantas donde se imprima. Si algunas se desmarcan del estándar, confundirán al cliente y todos (incluso ellos) quedaremos mal.

Nosotros, por nuestra parte, decidimos adoptar el estándar, y en muy poco tiempo vimos los resultados. El número de reclamaciones  de clientes cayó en picado, y en las reclamaciones que nos presentaban, teníamos una explicación coherente y con el respaldo de los datos técnicos para darles, y explicarles el porqué no habían obtenido los resultados que ellos esperaban, y cómo podíamos solucionarlo.

Fue entonces cuándo supe por qué debo usar estándares siempre que pueda.

Un mundo sin estándares

Este es tan solo un ejemplo de estandarización, pero los estándares llegan a todas las industrias y sectores.

¿Os podéis llegar a imaginar un mundo sin estándares? Para ello os voy a plantear varios casos reales genéricos de uso de estándares, y casos reales más concretos del no-uso de estándares. La mayoría de objetos cotidianos hacen uso de varios o mucho estándares sin darnos cuenta.

Ejemplos de uso de un estándar

Estos son algunos de los que se me ocurren. Algunos serán de obligada aplicación porque pueden afectar a la salud de las personas, pero la mayoría de ellos los nombro de manera genérica:

  • Sistema métrico. Seguramente es uno de los más importantes, aunque hay países que no lo usan. Sin él, todavía estaríamos en la edad media, midiendo cada país, ciudad, región, todos con su propio sistema. Sin duda, fue de gran importancia para el desarrollo de la revolución industrial. No fue oficialmente implantado hasta finales del siglo XIX.
  • En los coches: sillitas de bebe, neumáticos, medición de rendimiento, tubos, tornillos, …
  • En casa: las bombillas, voltajes eléctricos, calidad del agua, productos de limpieza, …
  • En la tecnología: todos los conectores (USB, VGA), cargadores de móvil (desde hace poco), creación de páginas web, …

Casos reales de no-uso de un estándar

Apple Lightning to USB Cable

Ejemplo de conector estándar y no-estándar — photo credit: unten44 cc

Por otro lado existen industrias que no han llegado a ponerse de acuerdo en la creación de un estándar, o que son muy nuevas, o empresas que han decidido desmarcarse del estándar y ir por su cuenta.

En la industria tecnológica hay algunos casos recientes muy concretos: Apple con algunos de sus conectores y sistemas, IBM hace años con sus tornillos que te obligaban a usar exclusivamente su Servicio Técnico, …

Ahora imaginaos que cada uno de los objetos que usamos no estuviera sujeto a estándares:

  • Cada gasolinera tendría su manguera exclusiva que solo iría bien en determinados coches
  • Los enchufes de casa no servirían porque cada aparato tendría su propio conector, y todos serian diferentes
  • No podríamos usar los móviles porque cada fabricante de los aparatos usaría su frecuencia y su propia tecnología incompatible con la de los operadores de telefonía
  • … y seguro que existen más ejemplos que desconozco

Y estos son solo algunos ejemplos simples y absurdos, pero cotidianos del uso de estándares.

Conclusión

Debemos recordar que un estándar no es más que algo que sirve como patrón, referencia o modelo, y no siempre tiene que ver con organismos reglamentados, con certificaciones, …. Si un grupo de personas o empresas consiguen ponerse de acuerdo en usar un mismo método o sistema, se puede crear un estándar de facto.

La necesidad de tener sistemas, tecnologías, metodologías, …  compartidos ha permitido que nuestra vida cotidiana, que el desarrollo de la industria, que nuestro trabajo sea más fácil.

Por eso animo siempre a todo el mundo a usar estándares, a buscar metodologías definidas, a buscar patrones de uso, …. En cuantas más cosas consigamos ponernos de acuerdo, más fáciles serán para todos nuestras tareas, y mayor será el grado de productividad.

 

¿Conoces más ejemplos de uso de estándares? ¿Y de no-uso de estándares?


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La efectividad de la publicidad tradicional vs online

Efectividad

Compras Online

photo credit: Fosforix via photopin cc

La publicidad ha perdido gran parte de su efectividad. Es un hecho. ¿Cuánta gente puede recordar la última publicidad que le llamó la atención? En ningún caso estoy diciendo que la publicidad sea inútil, para eso están los expertos que hacen estudios y miden la efectividad de las diferentes técnicas usadas, tan solo digo que ya no usamos los mismos canales para recibir información de los productos que hace tan solo unos años atrás.

La publicidad tradicional

A finales del siglo pasado, antes de la popularización de Internet, cuando los consumidores queríamos saber que producto era mejor, lo más fácil era ir a la tienda y preguntar, y en el mejor de los casos, repetir el proceso varias veces en diferentes tiendas.

Después había un proceso de reflexión (en el mejor de los casos), dónde se contrastaba la información obtenida en el distribuidor, con la información que habíamos recibido de los canales estándares de comunicación (televisión, radio, periódicos, …). Los más reflexivos, solían preguntar a los familiares y amigos, por sus preferencias (siempre hay un cuñado enterado, que lo sabe todo).

Finalmente, haciendo un balance de todas estas entradas de información, tomaban la decisión de compra de uno de los productos ofertados.

En la actualidad

Hoy en día, gracias a Internet este comportamiento no ha cambiado tanto, pero hay algunos matices que lo hacen radicalmente diferente. Ahora ya no dependemos de un cuñado enterado, ahora hay miles – o incluso millones – de usuarios a los que tenemos acceso todos los consumidores, además de acceso a blogs especializados.

Esto convierte a la publicidad tradicional en mucho menos decisiva y relevante, ya que solo nos proporciona la información del fabricante o distribuidor, y esta suele ser bastante partidista y sesgada, donde solo nos enseñan lo mejor de su producto y nos intentan ocultar sus puntos débiles.

Los hábitos de consumo han cambiado, y además, con la crisis económica, los consumidores nos hemos vuelto más reflexivos y muchos menos impulsivos a la hora de comprar según que productos.

Hoy en día es casi impensable que compremos un nuevo producto, sin antes haber consultado en Internet las opiniones de otros consumidores y de expertos (en un sentido muy amplio de la palabra). Incluso, muchas veces, ni siquiera comprobamos el grado de conocimiento del experto, pero aún así, le damos más credibilidad a la opinión del presunto experto que a la información que nos facilitan los propios distribuidores o la propia marca.

¿De quién os fiaríais más? ¿Del comercial del producto o de un consumidor que ya lo está usando?

Precisamente esto me ocurrió una vez intentado comprar un reloj inteligente, justo antes de que se pusieran de moda los smartwatch. Quería hacer un regalo y encontré una web dónde vendían relojes aparentemente bastante buenos, que se conectaban al móvil, …. Me dejé llevar por la emoción y compré sin consultar demasiado las opiniones que había en Internet.

Un par de días después, seguía emocionado con el reloj que acababa de comprar (recordad que todavía no existían ni los Samsung Gear, ni los Pebble, …), mientras seguía buscando información de las capacidades del gadget que acababa de adquirir, fui a parar a una página dónde los usuarios se quejaban de la empresa fabricante.

Seguí indagando y encontré múltiples sitios dónde explicaban el desastroso servicio postventa, de la tardanza en servir el producto (¡¡¡más de un año!!!), la poca duración de la batería, … Inmediatamente procedí a cancelar la compra y puede comprobar yo mismo la poca profesionalidad de los distribuidores/fabricantes.

Finalmente, después de infructuosos intentos de hablar con los vendedores pude cancelar el pago con la tarjeta de crédito gracias a las gestiones de mi banco.

Todavía hoy estoy esperando que me respondan los correos electrónicos que les mandé y los tickets que abrí en su web.

Futuro

En mi opinión el camino a seguir es claro en un futuro próximo.

Si sabemos que la gran mayoría de los usuarios consulta en Internet los productos que está dispuesto a comprar, la presencia en Internet de estos productos es imprescindible, para que los futuros compradores puedan consultar los detalles técnicos del producto.

Pero lo realmente valioso será tener un grupo de consumidores satisfechos que estén dispuestos a compartir su opinión de los productos.

No sólo debemos tener presencia en Internet, sino que además debemos tenerla buena. La clave es ofrecer buenos productos, por los que el consumidor se sienta satisfecho, a un precio que crea apropiado. Simplemente se trata de no defraudar.

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Cultura del rechazo a la excelencia

En esta sociedad y en este país en el que vivimos, me da la extraña sensación que siempre ha habido un rechazo por la excelencia que ha hecho que nos convirtamos, en general, en seres mediocres, en personas del montón. Y tal cómo refleja la genial frase de Andrés Pérez Ortega, “si eres uno más, serás uno menos”, es altamente perjudicial para nuestro desempeño laboral.

¿Y por qué nos ocurre?

Rechazo a la excelencia

photo credit: flickingerbrad via photopin cc

Si alguno de los lectores fue alguna vez un buen estudiante (no es mi caso) seguro que recordará no pocas situaciones de su infancia en las que, justamente por ser un buen estudiante, sus compañeros se reían y le hacían burlas. Se reían de su irritable insistencia en hacer siempre los deberes, se reían por querer hacerlos bien, se burlaban cuando respondía a las preguntas del profesor, porque preguntaba cuando algo no lo entendía, … Esta situación no era exclusiva de la infancia, sino que se seguía repitiendo durante la adolescencia, en el instituto, incluso en mayor medida.

Yo, sin haber sido un buen estudiante, recuerdo que estas situaciones ocurrían con los “empollones” y hacía que yo, a veces, incluso sabiendo las respuestas, cómo era un niño muy tímido, nunca me atreviera a responder a las preguntas de los profesores. Además, si tenías los deberes hechos, tenías más probabilidades de salir delante de toda la clase a explicar cómo habías resuelto el problema o a leer tu redacción. En definitiva, acababa siendo casi un castigo saberse la lección y un regalo el no saberla.

El resultado era que el no ser un buen estudiante, o el no ser aplicado, te ahorraba bastantes situaciones incómodas y desagradables. Te ahorrabas ser objeto de burla y ser ridiculizado. Incluso, probablemente, me atrevería a decir que el ser un mal estudiante te ayudaba a formar parte del grupo de gente “cool” (o cómo decíamos cuándo yo estudiaba, “gente guay”). Pasabas a formar parte de los burladores en lugar de ser de los burlados.

Pero … parémonos a pensar un momento …

Si durante nuestros años de formación, aquellos en que somos cómo esponjas que absorben conocimiento, aquellos en que definimos nuestro carácter, aquellos años en los que nos transformamos en personas adultas y definimos muchas de nuestras futuras conductas, aprendemos a no destacar precisamente para no ser un paria social … ¿qué información le estamos mandando a nuestro cerebro? ¿cómo será nuestro carácter? ¿cómo afrontaremos situaciones similares en nuestros trabajos diarios?

Probablemente el mensaje que estamos interiorizando, sin darnos cuenta, es el de no destacar para no ser discriminado.

En el trabajo tampoco debemos destacar

Cuándo después de muchos años de estudiar, salimos al mundo laboral, dispuestos a encontrar un trabajo que nos satisfaga, llevamos tanto tiempo ensayando la lección, que la tenemos muy bien aprendida: no debemos destacar para no convertirnos en parias (laborales en este caso).

Si nos desvivimos por hacer muy bien nuestro trabajo, si nos aplicamos al máximo, si no nos gusta ser interrumpidos para hablar de lo que echaron ayer por la tele, si nos quedamos un ratito más para terminar aquello que es urgente, …. seremos rechazados por nuestros compañeros. ¿O no?

Pues precisamente, según mi experiencia, en el trabajo la situación se suele invertir. A pesar de que pueda haber algunos compañeros que nos critiquen nuestra pasión por el trabajo, aquél que se esfuerza por hacerlo lo mejor posible, suele ser recompensado por ello. Ejemplos de ello son que sus compañeros le buscaran para que les ayude cuándo tengan un problema, sus jefes les pedirán su opinión en algunas situaciones, los clientes preguntaran por él cuándo necesiten algo, …

Pero claro, inicialmente, cuándo los jóvenes llegan a sus primeros trabajos, después de tantos años de adoctrinamiento para no destacar, esta es su conducta natural, y para cambiarla necesitan volver a aprender algunas de las conductas básicas.

Para terminar esta entrada os dejo la opinión de Steve Jobs al respecto de la calidad: “Be a yardstick of quality. Some people aren’t used to an environment where excellence is expected.” – “Debes ser estricto con la calidad. Algunas personas no están acostumbradas a un entorno en el que se exige la excelencia”.


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¿Qué es el modelo EFQM de excelencia?

La EFQM (European Foundation for Quality Management) fue creada en el año 1989 cuándo un grupo de CEOs y presidentes de diferentes compañías europeas firmaron el manifiesto de compromiso con la misión y visión de EFQM. Esto dio lugar a la creación de una comisión de expertos que desarrolló el que hoy se conoce como modelo EFQM de excelencia, un marco de posible aplicación en cualquier organización.

De esto ya hace 25 años, y desde entonces, el modelo ha ido evolucionando y cambiando para adaptarse a las necesidades y tendencias del momento. Aún así, el objetivo de la EFQM, que es mejorar la competitividad de las empresas europeas y respaldar el desarrollo sostenible de la economía europea, no ha cambiado nunca en todos estos años.

En España se creó en el año 1991 el Club Excelencia en Gestión, cogiendo como referencia el modelo EFQM, con la misión de acelerar la transformación de las organizaciones para que compitan y se desarrollen en una economía global, identificando nuevas vías, intercambiando prácticas e introduciendo modelos de gestión,

Modelo EFQM de excelencia

Hay tres componentes que hacen posible el modelo EFQM de Excelencia:

  1. Marco Conceptual EFQM
  2. Conceptos Fundamentales
  3. Esquema Lógico REDER

 

Marco Conceptual

El modelo EFQM de Excelencia es un instrumento práctico y no prescriptivo, a diferencia de otros sistemas de calidad, que permite a las organizaciones:

  • Evaluar dónde se encuentran en su camino hacia la excelencia, ayudándolos a identificar sus fortalezas clave y posibles carencias con relación a su Visión y Misión.
  • Disponer de un único lenguaje y modo de pensar sobre la organización, lo que facilita la comunicación eficaz de ideas dentro y fuera de la misma.
  • Integrar las iniciativas existentes y planificadas, eliminar duplicidades e identificar carencias.
  • Disponer de una estructura básica para el sistema de gestión.

Este modelo permite a los líderes de las organizaciones entender las consecuencias existentes entre lo que la organización hace y los resultados que alcanza. El esquema lógico REDER hace posible evaluar el grado de excelencia.

Modelo EFQM de excelencia

Modelo EFQM de excelencia

El modelo se divide en 9 criterios, 5 de los cuáles son Agentes Facilitadores y 4 corresponden a los resultados.

  1. Agentes Facilitadores
    1. Liderazgo
    2. Personas
    3. Estrategia
    4. Alianza y Recursos
    5. Procesos, Productos y Servicios
  2. Resultados
    1. Resultados en las personas
    2. Resultados en los clientes
    3. Resultados en la sociedad
    4. Resultados clave

 

Fundamentos

Son los cimientos del modelo sobre los que se crea una organización con excelencia sostenida. El modelo EFQM de excelencia se asienta sobre 8 conceptos fundamentales (principios básicos) :

Fundamentos - Modelo EFQM de excelencia

Fundamentos – Modelo EFQM de excelencia

  • Añadir valor para los clientes
  • Crear un futuro sostenible
  • Desarrollar la capacidad de la organización
  • Aprovechar la creatividad y la innovación
  • Liderar con visión, inspiración e integridad
  • Gestionar con agilidad
  • Alcanzar el éxito mediante el talento de las personas
  • Mantener en el tiempo resultados sobresalientes

 

 

 

El esquema lógico REDER

Proporciona un enfoque estructurado para analizar el rendimiento de la organización y permite ayudar a liderar el cambio y gestionar los proyectos de mejora.

Esquema lógico REDER - Modelo EFQM de excelencia

Esquema lógico REDER – Modelo EFQM de excelencia


Referencias para el artículo :


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¿Cómo empezar un plan de calidad?

Plan de calidad

Un día cuándo me encontraba en una comida, mitad de amigos, mitad de networking, mientras un amigo estaba poniéndome al día de su situación laboral, se me acercó una persona que apenas conocía y me pidió consejo sobre cómo empezar un plan de calidad en su departamento. Lo primero que me vino a la cabeza, y se lo pregunté, fue por qué me hacía a mi esa pregunta; la respuesta fué que una tercera persona que ambos conocíamos le había referenciado a mí. Después de unos segundos de perplejidad, pues nunca, hasta ese día, hubiera pensado que podría dar consejos a nadie sobre este tema, ya que apenas hacía unos meses que había empezado yo mismo con ello, me dí cuenta que aunque mi experiencia no era muy grande, si que llevaba meses (quizá un año entero) de ventaja a aquella persona que todavía se estaba planteando si empezar o no con el tema.

Plan de calidad - Espiral de la calidad total

Plan de calidad – Espiral de la calidad total

Armarse de valor

Así que decidí hacerme el valiente y tirarme a la piscina. Yo creía que no tenía demasiado a explicarle, pero su cara me pedía a gritos que necesitaba un punto de apoyo para poder afrontar el tema. Me dejó claro que era un tema personal, que lo hacía por su cuenta y que sólo quería aplicarlo a su departamento, y hacerlo al margen de la directiva de la empresa. Entonces, viéndola tan perdida y desesperada de conocimiento y consejo, busqué en mi memória las dudas y problemas que tuve al principio y decidí exponerlos para intentar ayudarla un poco.

  1. Buscar apoyo y complicidad desde arriba

    Mi primer consejo fue que expusiera su inquietud a su superior para intentar conseguir su complicidad y apoyo. Este tipo de proyectos creo que funcionan mejor con la implicación de toda la jerarquía de la organización. Entonces la mejor manera de empezar es teniendo su beneplácito. Pero antes …. lo mejor es buscar información, prepararse una exposición informal, cómo si fuera algo casual, averiguar que ventajas tiene aplicar estos cambios en la organización, buscar argumentos para quitarle hierro a los ‘inconvenientes’ que puedan surgir, … en definitiva, prepararse bien antes de exponer nada a nadie, para que así aparentes (y además lo sepas del cierto) que el plan funcionará y será provechoso. Si después de esta exposición no tienes la complicidad de tus superiores, nada te impide aplicar los cambios que a ti te parezcan bien dentro de tu departamento, ¿verdad?

  2. Formación

    En mi caso, antes de empezar a hacer nada en el trabajo busque formación que complementara mis inquietudes, me aportase conocimiento específico y supliera mis carencias. En mi caso decidí ampliar los conocimientos del modelo EFQM de excelencia, y posteriormente pude realizar un curso en ISO 9001 y ISO 14001. Ambas me sirvieron para poder tener una visión más amplia de los sistemas de calidad, así como aprender conceptos que desconocía. También asistí a alguna conferencia. Además dediqué horas a navegar por blogs de calidad, me leí las normas de arriba a abajo, busqué recursos, experiencias, planes de calidad, normativas, …. en definitiva, busqué formación no reglada para empaparme de la temática que me interesaba.

  3. Decidir la estrategia

    Cuando ya tuve el apoyo de la directiva y tuve la formación, lo siguiente fue tomar la decisión de cómo debía mi organización afrontar un plan de calidad. Para ello sopesé las opciones que conocía (EFQM y ISO), pero ninguna de ellas me acabó de convencer, pues estaba seguro que nuestra organización estaba muy lejos de poder cumplir nada de lo que estos sistemas proponían. Así que decidí que haría un sistema mixto de ambos sistemas: haría mi propio sistema de calidad basado en EFQM con pinceladas de ISO ¿por qué no? Al fin y al cabo de lo que se trataba era de establecer un sistema de trabajo, de control, de premisas, … que nos ayudaran a evaluar cómo queríamos trabajar y si lo hacíamos de la manera correcta y preestablecida. De todas maneras debo confesar que sentía preferencia por la filosofía del EFQM ante la de ISO.

  4. Manos a la obra

    Plan de calidad - Mano con un martillo

    Mano con un martillo

    Sabíamos dónde queríamos ir, però para poder avanzar en la dirección correcta debíamos saber en que lugar nos encontrábamos. En una de mis búsquedas de recursos por internet encontré un cuestionario que hacía preguntas sobre cada uno de los 9 puntos del EFQM, que todas las personas del equipo directivo debía responder. Así que pasé el cuestionario a las personas implicadas y las cité para una reunión dónde evaluariamos cada una de las preguntas.

A partir de ahí el sistema es cíclico. En cada reunión repasamos las preguntas (muchas veces las respondemos allí mismo, en grupo), que normalmente dejan entrever que problemas tenemos. Una vez aparecen los problemas, los hablamos, damos ideas sobre cómo solucionarlos, fijamos un responsable de la tarea, y seguimos con el cuestionario. Así vamos avanzando sobre cada uno de los puntos y corrigiendo los problemas que nos vamos encontrando. Si algún punto, después de hablarlo y estudiarlo, lo creemos irresoluble, pasamos al siguiente esperando poder solucionarlo en la siguiente ronda. Cuándo hayamos terminado de responder y corregir todo lo que propone el cuestionario, empezaremos la segunda vuelta. Volveremos a responder las preguntas, volveremos a corregir lo que creamos que debe ser corregido, y volveremos a empezar. Este sistema nos llevará a una espiral de mejora contínua, en la que a cada vuelta mejoraremos algunos aspectos de nuestra gestión. Esto es un sistema de gestión total de la calidad (TQM, Total Quality Management).

¿Y tu?¿Cómo empezaste tu plan de calidad?¿Hubieras hecho algo diferente?

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Para adelgazar necesitas un método

Adelgazar

photo credit: “PictureYouth” via photopin cc

Para adelgazar necesitas un método, esto no es ningún secreto, ni estoy revelando nada nuevo. Pero, ¿qué es un método para adelgazar?

Según la RAE, uno de los significados de método es : “modo de obrar o proceder, hábito o costumbre que cada uno tiene y observa”. Por lo tanto, como decía, para adelgazar necesitaremos un procedimiento. Y es que los procedimientos nos pueden ayudar no sólo en la gestión de las empresas, sino en nuestra vida diaria.

  1. Objetivo ¿cuánto queremos adelgazar?
  2. Alcance ¿qué haremos? ¿y qué no?
  3. Responsabilidad. Sobran los comentarios, ¿de quién va a ser sino de uno mismo?
  4. Descripción de las actividades que harás para conseguir tu objetivo
  5. Registros. Sería una buena idea registrar los resultados obtenidos para saber cuál es el progreso, ¿verdad?

¿A quien le suena de algo esta lista? Se parece bastante a un procedimiento estandard, ¿no?

Una vez tengas el procedimiento hecho, como siempre, llega la parte más difícil: implantarlo. Deberás ser meticuloso y ceñirte al plan establecido para conseguir con éxito tu objetivo.

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