Por qué debo usar estándares

Por qué debo usar estándares
Por qué debo usar estándares – Xavi Gaya

Usar estándares es tan solo una opción que tenemos. Su uso es de libre elección, pero en esta entrada intentaré explicar la importancia que tienen y a imaginarnos un mundo donde no existieran estándares.

La estandarización fue algo que nació de la necesidad.

La necesidad de entenderse.

La necesidad de comunicarse.

La necesidad en ponerse de acuerdo las personas.

Y es así como ha llegado a existir estandarización en casi todos los objetos que nos rodean, aunque ni siquiera nos demos cuenta de ello.

La importancia de los estándares

Hace unos años, en mi lugar de trabajo, me brindaron la posibilidad de participar en unos cursos de formación para la estandarización de la impresión de periódicos -sí, existe un estándar para ello- dónde los periódicos de toda Europa (de todo el mundo en realidad, pero con matices en cada continente) intentaban ponerse de acuerdo para imprimir los periódicos bajo unos mismos criterios de calidad.

La idea era que se quería ofrecer a los clientes una fiabilidad en los resultados de los impresos, independientemente del lugar de impresión.

En este caso el estándar ya estaba creado, pero a pesar de existir un estándar ISO (ISO12647-2) las imprentas no llegaron a ponerse de acuerdo en el uso de este estándar, porque cada una de ellas tenía su propia manera de trabajar, y a su entender, les funcionaba bien.

Pero fuimos muchos los que aprendimos una manera más correcta de trabajar gracias al estándar, y nos permitió acercarnos en calidad a los resultados de una gran mayoría de las imprentas. Además nos proporcionó herramientas de medición y corrección de las desviaciones, y por lo tanto, de mejora.

Pero, lo que estas imprentas que huían del estándar no querían entender, es que los mismos trabajos impresos en imprentas que usaban el estándar, quedaban diferentes de los suyos, y esto nos perjudicaba a todas las imprentas, pero especialmente a nuestros clientes. Estas empresas no tenían cultura del win-win.

Ahora, pongámonos en el lugar del cliente.

Si nos imaginamos que somos un cliente que quiere imprimir el mismo periódico en diferentes plantas de impresión, repartidas por diferentes puntos geográficos, esperará que todos los periódicos (o la gran mayoría de ellos, ya que hay unas tolerancias) salgan impresos igual, con la misma calidad, en todas las diferentes plantas donde se imprima. Si algunas se desmarcan del estándar, confundirán al cliente y todos (incluso ellos) quedaremos mal.

Nosotros, por nuestra parte, decidimos adoptar el estándar, y en muy poco tiempo vimos los resultados. El número de reclamaciones  de clientes cayó en picado, y en las reclamaciones que nos presentaban, teníamos una explicación coherente y con el respaldo de los datos técnicos para darles, y explicarles el porqué no habían obtenido los resultados que ellos esperaban, y cómo podíamos solucionarlo.

Fue entonces cuándo supe por qué debo usar estándares siempre que pueda.

Un mundo sin estándares

Este es tan solo un ejemplo de estandarización, pero los estándares llegan a todas las industrias y sectores.

¿Os podéis llegar a imaginar un mundo sin estándares? Para ello os voy a plantear varios casos reales genéricos de uso de estándares, y casos reales más concretos del no-uso de estándares. La mayoría de objetos cotidianos hacen uso de varios o mucho estándares sin darnos cuenta.

Ejemplos de uso de un estándar

Estos son algunos de los que se me ocurren. Algunos serán de obligada aplicación porque pueden afectar a la salud de las personas, pero la mayoría de ellos los nombro de manera genérica:

  • Sistema métrico. Seguramente es uno de los más importantes, aunque hay países que no lo usan. Sin él, todavía estaríamos en la edad media, midiendo cada país, ciudad, región, todos con su propio sistema. Sin duda, fue de gran importancia para el desarrollo de la revolución industrial. No fue oficialmente implantado hasta finales del siglo XIX.
  • En los coches: sillitas de bebe, neumáticos, medición de rendimiento, tubos, tornillos, …
  • En casa: las bombillas, voltajes eléctricos, calidad del agua, productos de limpieza, …
  • En la tecnología: todos los conectores (USB, VGA), cargadores de móvil (desde hace poco), creación de páginas web, …

Casos reales de no-uso de un estándar

Apple Lightning to USB Cable
Ejemplo de conector estándar y no-estándar — photo credit: unten44 cc

Por otro lado existen industrias que no han llegado a ponerse de acuerdo en la creación de un estándar, o que son muy nuevas, o empresas que han decidido desmarcarse del estándar y ir por su cuenta.

En la industria tecnológica hay algunos casos recientes muy concretos: Apple con algunos de sus conectores y sistemas, IBM hace años con sus tornillos que te obligaban a usar exclusivamente su Servicio Técnico, …

Ahora imaginaos que cada uno de los objetos que usamos no estuviera sujeto a estándares:

  • Cada gasolinera tendría su manguera exclusiva que solo iría bien en determinados coches
  • Los enchufes de casa no servirían porque cada aparato tendría su propio conector, y todos serian diferentes
  • No podríamos usar los móviles porque cada fabricante de los aparatos usaría su frecuencia y su propia tecnología incompatible con la de los operadores de telefonía
  • … y seguro que existen más ejemplos que desconozco

Y estos son solo algunos ejemplos simples y absurdos, pero cotidianos del uso de estándares.

Conclusión

Debemos recordar que un estándar no es más que algo que sirve como patrón, referencia o modelo, y no siempre tiene que ver con organismos reglamentados, con certificaciones, …. Si un grupo de personas o empresas consiguen ponerse de acuerdo en usar un mismo método o sistema, se puede crear un estándar de facto.

La necesidad de tener sistemas, tecnologías, metodologías, …  compartidos ha permitido que nuestra vida cotidiana, que el desarrollo de la industria, que nuestro trabajo sea más fácil.

Por eso animo siempre a todo el mundo a usar estándares, a buscar metodologías definidas, a buscar patrones de uso, …. En cuantas más cosas consigamos ponernos de acuerdo, más fáciles serán para todos nuestras tareas, y mayor será el grado de productividad.

 

¿Conoces más ejemplos de uso de estándares? ¿Y de no-uso de estándares?


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La efectividad de la publicidad tradicional vs online

Efectividad

Compras Online
photo credit: Fosforix via photopin cc

La publicidad ha perdido gran parte de su efectividad. Es un hecho. ¿Cuánta gente puede recordar la última publicidad que le llamó la atención? En ningún caso estoy diciendo que la publicidad sea inútil, para eso están los expertos que hacen estudios y miden la efectividad de las diferentes técnicas usadas, tan solo digo que ya no usamos los mismos canales para recibir información de los productos que hace tan solo unos años atrás.

La publicidad tradicional

A finales del siglo pasado, antes de la popularización de Internet, cuando los consumidores queríamos saber que producto era mejor, lo más fácil era ir a la tienda y preguntar, y en el mejor de los casos, repetir el proceso varias veces en diferentes tiendas.

Después había un proceso de reflexión (en el mejor de los casos), dónde se contrastaba la información obtenida en el distribuidor, con la información que habíamos recibido de los canales estándares de comunicación (televisión, radio, periódicos, …). Los más reflexivos, solían preguntar a los familiares y amigos, por sus preferencias (siempre hay un cuñado enterado, que lo sabe todo).

Finalmente, haciendo un balance de todas estas entradas de información, tomaban la decisión de compra de uno de los productos ofertados.

En la actualidad

Hoy en día, gracias a Internet este comportamiento no ha cambiado tanto, pero hay algunos matices que lo hacen radicalmente diferente. Ahora ya no dependemos de un cuñado enterado, ahora hay miles – o incluso millones – de usuarios a los que tenemos acceso todos los consumidores, además de acceso a blogs especializados.

Esto convierte a la publicidad tradicional en mucho menos decisiva y relevante, ya que solo nos proporciona la información del fabricante o distribuidor, y esta suele ser bastante partidista y sesgada, donde solo nos enseñan lo mejor de su producto y nos intentan ocultar sus puntos débiles.

Los hábitos de consumo han cambiado, y además, con la crisis económica, los consumidores nos hemos vuelto más reflexivos y muchos menos impulsivos a la hora de comprar según que productos.

Hoy en día es casi impensable que compremos un nuevo producto, sin antes haber consultado en Internet las opiniones de otros consumidores y de expertos (en un sentido muy amplio de la palabra). Incluso, muchas veces, ni siquiera comprobamos el grado de conocimiento del experto, pero aún así, le damos más credibilidad a la opinión del presunto experto que a la información que nos facilitan los propios distribuidores o la propia marca.

¿De quién os fiaríais más? ¿Del comercial del producto o de un consumidor que ya lo está usando?

Precisamente esto me ocurrió una vez intentado comprar un reloj inteligente, justo antes de que se pusieran de moda los smartwatch. Quería hacer un regalo y encontré una web dónde vendían relojes aparentemente bastante buenos, que se conectaban al móvil, …. Me dejé llevar por la emoción y compré sin consultar demasiado las opiniones que había en Internet.

Un par de días después, seguía emocionado con el reloj que acababa de comprar (recordad que todavía no existían ni los Samsung Gear, ni los Pebble, …), mientras seguía buscando información de las capacidades del gadget que acababa de adquirir, fui a parar a una página dónde los usuarios se quejaban de la empresa fabricante.

Seguí indagando y encontré múltiples sitios dónde explicaban el desastroso servicio postventa, de la tardanza en servir el producto (¡¡¡más de un año!!!), la poca duración de la batería, … Inmediatamente procedí a cancelar la compra y puede comprobar yo mismo la poca profesionalidad de los distribuidores/fabricantes.

Finalmente, después de infructuosos intentos de hablar con los vendedores pude cancelar el pago con la tarjeta de crédito gracias a las gestiones de mi banco.

Todavía hoy estoy esperando que me respondan los correos electrónicos que les mandé y los tickets que abrí en su web.

Futuro

En mi opinión el camino a seguir es claro en un futuro próximo.

Si sabemos que la gran mayoría de los usuarios consulta en Internet los productos que está dispuesto a comprar, la presencia en Internet de estos productos es imprescindible, para que los futuros compradores puedan consultar los detalles técnicos del producto.

Pero lo realmente valioso será tener un grupo de consumidores satisfechos que estén dispuestos a compartir su opinión de los productos.

No sólo debemos tener presencia en Internet, sino que además debemos tenerla buena. La clave es ofrecer buenos productos, por los que el consumidor se sienta satisfecho, a un precio que crea apropiado. Simplemente se trata de no defraudar.