La efectividad de la publicidad tradicional vs online

Efectividad

Compras Online
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La publicidad ha perdido gran parte de su efectividad. Es un hecho. ¿Cuánta gente puede recordar la última publicidad que le llamó la atención? En ningún caso estoy diciendo que la publicidad sea inútil, para eso están los expertos que hacen estudios y miden la efectividad de las diferentes técnicas usadas, tan solo digo que ya no usamos los mismos canales para recibir información de los productos que hace tan solo unos años atrás.

La publicidad tradicional

A finales del siglo pasado, antes de la popularización de Internet, cuando los consumidores queríamos saber que producto era mejor, lo más fácil era ir a la tienda y preguntar, y en el mejor de los casos, repetir el proceso varias veces en diferentes tiendas.

Después había un proceso de reflexión (en el mejor de los casos), dónde se contrastaba la información obtenida en el distribuidor, con la información que habíamos recibido de los canales estándares de comunicación (televisión, radio, periódicos, …). Los más reflexivos, solían preguntar a los familiares y amigos, por sus preferencias (siempre hay un cuñado enterado, que lo sabe todo).

Finalmente, haciendo un balance de todas estas entradas de información, tomaban la decisión de compra de uno de los productos ofertados.

En la actualidad

Hoy en día, gracias a Internet este comportamiento no ha cambiado tanto, pero hay algunos matices que lo hacen radicalmente diferente. Ahora ya no dependemos de un cuñado enterado, ahora hay miles – o incluso millones – de usuarios a los que tenemos acceso todos los consumidores, además de acceso a blogs especializados.

Esto convierte a la publicidad tradicional en mucho menos decisiva y relevante, ya que solo nos proporciona la información del fabricante o distribuidor, y esta suele ser bastante partidista y sesgada, donde solo nos enseñan lo mejor de su producto y nos intentan ocultar sus puntos débiles.

Los hábitos de consumo han cambiado, y además, con la crisis económica, los consumidores nos hemos vuelto más reflexivos y muchos menos impulsivos a la hora de comprar según que productos.

Hoy en día es casi impensable que compremos un nuevo producto, sin antes haber consultado en Internet las opiniones de otros consumidores y de expertos (en un sentido muy amplio de la palabra). Incluso, muchas veces, ni siquiera comprobamos el grado de conocimiento del experto, pero aún así, le damos más credibilidad a la opinión del presunto experto que a la información que nos facilitan los propios distribuidores o la propia marca.

¿De quién os fiaríais más? ¿Del comercial del producto o de un consumidor que ya lo está usando?

Precisamente esto me ocurrió una vez intentado comprar un reloj inteligente, justo antes de que se pusieran de moda los smartwatch. Quería hacer un regalo y encontré una web dónde vendían relojes aparentemente bastante buenos, que se conectaban al móvil, …. Me dejé llevar por la emoción y compré sin consultar demasiado las opiniones que había en Internet.

Un par de días después, seguía emocionado con el reloj que acababa de comprar (recordad que todavía no existían ni los Samsung Gear, ni los Pebble, …), mientras seguía buscando información de las capacidades del gadget que acababa de adquirir, fui a parar a una página dónde los usuarios se quejaban de la empresa fabricante.

Seguí indagando y encontré múltiples sitios dónde explicaban el desastroso servicio postventa, de la tardanza en servir el producto (¡¡¡más de un año!!!), la poca duración de la batería, … Inmediatamente procedí a cancelar la compra y puede comprobar yo mismo la poca profesionalidad de los distribuidores/fabricantes.

Finalmente, después de infructuosos intentos de hablar con los vendedores pude cancelar el pago con la tarjeta de crédito gracias a las gestiones de mi banco.

Todavía hoy estoy esperando que me respondan los correos electrónicos que les mandé y los tickets que abrí en su web.

Futuro

En mi opinión el camino a seguir es claro en un futuro próximo.

Si sabemos que la gran mayoría de los usuarios consulta en Internet los productos que está dispuesto a comprar, la presencia en Internet de estos productos es imprescindible, para que los futuros compradores puedan consultar los detalles técnicos del producto.

Pero lo realmente valioso será tener un grupo de consumidores satisfechos que estén dispuestos a compartir su opinión de los productos.

No sólo debemos tener presencia en Internet, sino que además debemos tenerla buena. La clave es ofrecer buenos productos, por los que el consumidor se sienta satisfecho, a un precio que crea apropiado. Simplemente se trata de no defraudar.

Cultura del rechazo a la excelencia

En esta sociedad y en este país en el que vivimos, me da la extraña sensación que siempre ha habido un rechazo por la excelencia que ha hecho que nos convirtamos, en general, en seres mediocres, en personas del montón. Y tal cómo refleja la genial frase de Andrés Pérez Ortega, “si eres uno más, serás uno menos”, es altamente perjudicial para nuestro desempeño laboral.

¿Y por qué nos ocurre?

Rechazo a la excelencia
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Si alguno de los lectores fue alguna vez un buen estudiante (no es mi caso) seguro que recordará no pocas situaciones de su infancia en las que, justamente por ser un buen estudiante, sus compañeros se reían y le hacían burlas. Se reían de su irritable insistencia en hacer siempre los deberes, se reían por querer hacerlos bien, se burlaban cuando respondía a las preguntas del profesor, porque preguntaba cuando algo no lo entendía, … Esta situación no era exclusiva de la infancia, sino que se seguía repitiendo durante la adolescencia, en el instituto, incluso en mayor medida.

Yo, sin haber sido un buen estudiante, recuerdo que estas situaciones ocurrían con los “empollones” y hacía que yo, a veces, incluso sabiendo las respuestas, cómo era un niño muy tímido, nunca me atreviera a responder a las preguntas de los profesores. Además, si tenías los deberes hechos, tenías más probabilidades de salir delante de toda la clase a explicar cómo habías resuelto el problema o a leer tu redacción. En definitiva, acababa siendo casi un castigo saberse la lección y un regalo el no saberla.

El resultado era que el no ser un buen estudiante, o el no ser aplicado, te ahorraba bastantes situaciones incómodas y desagradables. Te ahorrabas ser objeto de burla y ser ridiculizado. Incluso, probablemente, me atrevería a decir que el ser un mal estudiante te ayudaba a formar parte del grupo de gente “cool” (o cómo decíamos cuándo yo estudiaba, “gente guay”). Pasabas a formar parte de los burladores en lugar de ser de los burlados.

Pero … parémonos a pensar un momento …

Si durante nuestros años de formación, aquellos en que somos cómo esponjas que absorben conocimiento, aquellos en que definimos nuestro carácter, aquellos años en los que nos transformamos en personas adultas y definimos muchas de nuestras futuras conductas, aprendemos a no destacar precisamente para no ser un paria social … ¿qué información le estamos mandando a nuestro cerebro? ¿cómo será nuestro carácter? ¿cómo afrontaremos situaciones similares en nuestros trabajos diarios?

Probablemente el mensaje que estamos interiorizando, sin darnos cuenta, es el de no destacar para no ser discriminado.

En el trabajo tampoco debemos destacar

Cuándo después de muchos años de estudiar, salimos al mundo laboral, dispuestos a encontrar un trabajo que nos satisfaga, llevamos tanto tiempo ensayando la lección, que la tenemos muy bien aprendida: no debemos destacar para no convertirnos en parias (laborales en este caso).

Si nos desvivimos por hacer muy bien nuestro trabajo, si nos aplicamos al máximo, si no nos gusta ser interrumpidos para hablar de lo que echaron ayer por la tele, si nos quedamos un ratito más para terminar aquello que es urgente, …. seremos rechazados por nuestros compañeros. ¿O no?

Pues precisamente, según mi experiencia, en el trabajo la situación se suele invertir. A pesar de que pueda haber algunos compañeros que nos critiquen nuestra pasión por el trabajo, aquél que se esfuerza por hacerlo lo mejor posible, suele ser recompensado por ello. Ejemplos de ello son que sus compañeros le buscaran para que les ayude cuándo tengan un problema, sus jefes les pedirán su opinión en algunas situaciones, los clientes preguntaran por él cuándo necesiten algo, …

Pero claro, inicialmente, cuándo los jóvenes llegan a sus primeros trabajos, después de tantos años de adoctrinamiento para no destacar, esta es su conducta natural, y para cambiarla necesitan volver a aprender algunas de las conductas básicas.

Para terminar esta entrada os dejo la opinión de Steve Jobs al respecto de la calidad: «Be a yardstick of quality. Some people aren’t used to an environment where excellence is expected.» – «Debes ser estricto con la calidad. Algunas personas no están acostumbradas a un entorno en el que se exige la excelencia».


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